Sentada en el féretro de mí existir
Medito en la minúscula silla
Mirando detrás del ventanal
Nada es furor
Se perdió las ganas de sonreír
Esa pueril perla
Se partió hace tantos lustros
El incomodo reloj me asusta a destiempo
Las llamaradas del llamado más allá
No me asustan como algún tiempo
Me asusto…
Los labios se secaron
Son como arena seca desterrada
Las miradas se pierden
Húmedas en la sombra
del campanario de algún pueblo en tinieblas
Flotan en el aire
Susurrando ecos de mi alma resquebrada
Llueven cristales rotos
Del espejo de mi rostro quemado
Por el ausente amor se partió antes de nacer…

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