Miro detrás de la ventana esa niña ya no está.
Aquellos tiempos en que creía en cada luz encontraba en el color gris, y el negro brillaba en mi piel sin quemar.
Hoy esa niña se apago dentro de mí, la sangre mancho de dolor aquellos otoños fríos me deje allí detrás de ti, silueta vacía que nada queda solo instantes de lucha y socorro sin auxiliar por nadie, quien puede atreverse a socorrer a un alma en pena. Quién puede querer mi alma arrollar en besos ardientes, si nada quedo de esa niña que reía por doquier.
Mi sangre hierve como la de un conejito que busca salida cuando lo sigue el lobo feroz.
El corazón se quiebra con la llama de la maldad o del día que no termina.
Cruel angustia sin un querer. Y el mañana será otro día
Y sigo mirando detrás del ventanal y la mirada a las nubes; me dicen allí, sola que sola, esta mi vida.
Pero allí a lo lejos de repente un avecita quizás se retiraba a descansar buscando una ramita donde posar sus pequeñitas patitas, me mira allí arriba del cable donde siempre hace parada antes del árbol vecino y me mira; cada vez que miro allí de frente .y con esos ojitos grandes siendo pequeño me da más amor más luz que el que quizás me vi a la mañana al mirarme al espejo, y me dice con su cantar, que siga luchando como ella, cada vez que toma vuelo.
La soledad es buena; la soledad me llama, con esa música que me inunda la mente de luces para escribir a quien pueda leerme.
Siempre está acompañada de esas miradas…
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