Hay noches se me hacen pesadas, por los ilustres colores se derriten en el día.
Por las calles, dolores de ausencias de un lugar donde poder descansar; un almohadón hecho de papeles y trapos viejos ,ropajes rotos y zapatos arreglados con papel ,dolor que me aprieta la mente, se me hiela el alma al ver derrapar mis ojos el dolor ajeno.
Y pasan y las manitas sucias te piden alguna migaja, esperando algún ánima se apiade de sus almitas que pasan por esas calles frías de invierno.
Y mis ojos se llenan de esa suciedad y me dan ganas de desojar mi cuerpo para darle sofoco a esos cuerpitos pequeños, y hasta los adoquines de las veredas me parecen rasguñar mi piel dejándome dolor por tanta injusticia se vive en las calles.
Mis lágrimas no pueden dejar de salir, pero tampoco quiero salgan son guardadas en mi garganta, luego de una respiración perpleja y honda, cierro un segundo los ojos y recuerdo tus ojos esos me daban amor aunque estabas por irte, y entonces mi corazón se lleno de fuerza y te pregunto:
Tomándote de la mano y con mi otra mano levantando tu mentón movimiento suave preguntando, -¿corazón? ¿Qué haces aquí solito? ¿Acaso tus padres, donde están? ¿Hermanitos o familiares?
Esos ojitos temerosos sucios de cenizas y tierra pelito casi pegado al cuero cabelludo, por la falta de un buen baño y moquitos en la nariz que descansaban en su arco de Cupido.
Apretando mi lengua para no decir algo impropio, queriendo solo darle amor a mis palabras y sentido a esa mirada.
Luego de esa vocecita suicida con dolor de muchos años solo teniendo a penas seis y el olor a angustia de esta injusta vida que me duele tanto; sólo susurrando un: no se.
Lo tome de las manos después de preguntarle si aceptaba un baño calentito y comida exquisita que si él quería ella le ofrecía hacer juntos; luego dibujarían y jugarían con colores y papel.
El niño sorprendido mirando a varios lados, por que se preguntaba si era a el que le ofrecía tamaño regalo… agradecido me abraza, con esas ropas más grande que su nariz, rotas como mi corazón al verle así en esas condiciones
Y de repente replica angustiado ¡perdón….!y se retira... ¿por qué me dices perdón? le pregunto.
Porque la abrace y ensucie…con mis ropas… (Y se mostraba tocando sus ropas sucias y rotas, me arrodille para estar más a su altura; y le dije -¡sería tan lindo me abraces! mira escucha bien: con cariño la ropa sucia se puede lavar sabes? ven acá el niño llorando me abrazo .
Yo le pongo mi pañuelo rojo, el con una sonrisa me dice:-¡que lindo color! , le digo que era hermoso el rojo y en su cuello quedaba bonito.
Y juntos nos vamos por las calles frescas de ese lugar.
Para nosotros desde ese día al final…sería un gran día especial.

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