Una mañana fría, de esas que el sol se oculta con las nubes grises.
No llueve pero esta como gris la mirada.
Esa mañana ella decidió era el día
Miro sus rincones, esos donde ella se disfrazaba de alegría.
Sus cuadros donde un mágico instante, comenzaba una historia; aquella la de su vida.
Y sin preguntar; si quiera vio aquel rincón, donde ella sola se sentaba a tomar mates.
No obstante, siguió la mirada en unos minutos a esas paredes desgastadas, con alguna historia donde algún recuerdo era alegre y otros con lágrimas…
Y de repente tomo una valija y comenzó a acomodar sus pocos harapos…dándose cuenta que era como que flotaban en tanto espacio. Entonces; quito todo como en un soplido del aire, y se dirigió a aquel lugar donde escondía un bolso de mano. Allí puso sus pertenencias-.
Los dejos sobre un sillón y se dirigió a la cocina a tomar una taza de té en aquel rincón donde siempre lo hacía.
Pensó un instante…será… ¿qué puedo?
Será ¿que mi hora ha llegado?
Que hacer de mi vida; si no puedo dirigir la mirada al cielo.
Sin pensar en esta angustia me avecina.
Sin pensamientos: siguió tomando la tacita; esa vieja de color rojo, con corazoncitos blancos, esa última taza de té.
No quiso pensar mas, solo dijo viviré mis últimos momentos.
Haré y me iré a donde me lleve mi destino…así fue tomo su abrigo y miro tener todo en su billetera, así fue hacia la puerta, ni cerro y partió, sin mirar atrás…
Allí camino hacia la estación del tren…
Al llegar en la cabina el caballero que atendía después de un educado saludo le pregunto a donde se dirigía…ella después de un caluroso saludo, se silencio…
Volvió a preguntar el señor…ella le dijo hasta la terminal.
-La terminal?
Si, si .allí mismo
Y así fue. La dirigió el camarero hasta un lugar mirando la ventana y sonrió.
Fijamente...mirando la partida, donde se divisaba el camino ligero. Dijo en voz suave y firme… dónde estés tu…allí llegare.

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