jueves, 29 de octubre de 2015

la niña muerta que vivía... dos





Cundió el instante 

Ese despavorido 

Entre aullidos de esos lobos 

Que hambrientos

Deambulaban sus ánimas...

De aquel instante…

Las almas del purgatorio frenéticamente grujían,

Sus ojos salían 

De la órbita sus miradas 

No eran miradas; 

Sus labios ensangrentados 

De negrura sangre… 

Con deseos de vivir 

Una historia sin fin…



Allí a lo lejos tan lejos

Como las estrellas del sur,

Esas que brillan tanto 

Y no déjense alcanzar…

Se divisaba allí 

La niña muerta que vivía…

Así le decían todos

Los que la veían en esos pozos

Tan oscuros,

En esas tumbas desiertas.

En esos témpanos desolados,

Esas piedras rotas 

Esas tierras secas…

Allí todas las animas 

Que deambularan despavoridas 

Y desorientadas 

Sin cuerpos o con cuerpos rotos, oscuras mentes o mentes vacías 

Pero allí ellos 

Aun paseaban buscando

La terrenal huida.

Entonces

Cada vez ella aparecía: 

Su brillar tan melancólico,

Pero dulce como colmena, 

Le daba alegría 

A las oscuridades,

Por ello ella era

La niña muerta viva…

Cada cuerpo;

Cada alma rota

Ella asomaba 

Y se deslomaba 

Para socorrerla 

En la oscuridad del tiempo

Que no era tiempo 

Porque ni tic tac existía...

Todo era como un pasaje 

De un cuento soñado de miedos 

Y de espantos.

Las noches siempre existían,

El sol…el sol ella decía 



Se ocultaba de la sombra.

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