Cundió el instante
Ese despavorido
Entre aullidos de esos lobos
Que hambrientos
Deambulaban sus ánimas...
De aquel instante…
Las almas del purgatorio frenéticamente grujían,
Sus ojos salían
De la órbita sus miradas
No eran miradas;
Sus labios ensangrentados
De negrura sangre…
Con deseos de vivir
Una historia sin fin…
Allí a lo lejos tan lejos
Como las estrellas del sur,
Esas que brillan tanto
Y no déjense alcanzar…
Se divisaba allí
La niña muerta que vivía…
Así le decían todos
Los que la veían en esos pozos
Tan oscuros,
En esas tumbas desiertas.
En esos témpanos desolados,
Esas piedras rotas
Esas tierras secas…
Allí todas las animas
Que deambularan despavoridas
Y desorientadas
Sin cuerpos o con cuerpos rotos, oscuras mentes o mentes vacías
Pero allí ellos
Aun paseaban buscando
La terrenal huida.
Entonces
Cada vez ella aparecía:
Su brillar tan melancólico,
Pero dulce como colmena,
Le daba alegría
A las oscuridades,
Por ello ella era
La niña muerta viva…
Cada cuerpo;
Cada alma rota
Ella asomaba
Y se deslomaba
Para socorrerla
En la oscuridad del tiempo
Que no era tiempo
Porque ni tic tac existía...
Todo era como un pasaje
De un cuento soñado de miedos
Y de espantos.
Las noches siempre existían,
El sol…el sol ella decía
Se ocultaba de la sombra.

No hay comentarios:
Publicar un comentario