jueves, 26 de enero de 2012

esperanza si hay vida.




La luz me encandila.
 La mirada me irradia es la luz de la vida.
Sacude el pecho quemando las entrañas.
El paso de la vida a veces nos parece cruel otras inciertas.

Por momentos crueles, piensa uno.
Si lo  merecía  aquel  este o a uno mismo.
Y nos caemos, nos pesa el yugo de su mano.
Razonamientos innecesarios, arremeten, nuestro pensamiento.

Situaciones esas duras, que no se entienden.
El dolor, que se mete en el cuerpo y no sabemos como saldrá.
La herida que se aloja libre en el corazón.
 Y de allí no quiere salir, ni con el mimo de la propia vida.

Esa que a diario deberíamos.
 Agradecer poder tenerla en nosotros.
Abrir los ojos a ella. Cuando nos pega de cerca.
 La daga de la oscura señora esa con una guadaña.

Ella que en algún momento se nos quiere pegar cerquita.
Y la rechazamos con fuerza.
Por eso deberíamos agradecer a los Ángeles.
Aun están de nuestro lado cada día, alejando la muerte.
Por dejarnos ganar la batalla, esa dura nos hiela la sangre.
Y hacen escarcha nuestras ilusiones.

Es real, que, si a nosotros acerca su mirada.
 Todo lo que deseamos o esperamos.
Se olvida si ella se nos quiere pegar cerquita.
Allí entra la luz divina.
Esa nos dio la hermosa vida.
Algún día y nos hace luchar con uñas.

Y  se nos hace brillo, allí la luz.
Nuevamente en la mirada.
Entrando a nuestro cuerpo la paz.
 Se queda a nuestro lado el alma.
Hay que bello es sentir la alegría.
Que aun hay esperanza si hay vida.

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