Subí mi mirada al cielo ,para ver si te encontraba.
Solo encontré, los reflejos dorados del sol.
Acariciando mi rostro ,allí ,en la sombra estaba.
Las pupilas de tus ojos se veían detrás del árbol.
Quise reír y solo llego la tormenta de lágrimas.
No pude esperar por que el tiempo se me congelo.
Las palabras se buscaron y así llegaron las últimas.
Quede muda en el intento y me refugie en el cielo.
Allí mismo mis cuerdas ya no cantaron.
Mis manos no transpiraron.
Mis ojos ya no miraron.
Mis latidos ya no respiraron.
Recordé ...entonces ,aquella premura.
Corrían de acá ,para allá... los doctores.
Pero mis sentidos ,no querían seguir esta locura.
Y así mi alma decidió terminar con mis dolores.
Casi silueta mojada en el charco: blanca, bella y pálida.
Ella se escapada del escaparate donde se encontraba.
Suave, frágil como volando por los aires ,ella estaba agradecida.
Su pena ya no le mataría la luz del alma, en la que brillaba.
Veía hacia abajo, quienes no creía llorarían , mi partida
Gritaba…¡no quiero frescas rosas en mi féretro! .¡No!
Ayer queria oler su frescura ,no para tapar la herida.
No pido tumbas !donde recodar mi desconsuelo, no!.
No quiero vueltas a lo que ya no es vivido.
Si me olvidan o me recuerdan ,eso es cuenta suya.
Ya nada es mío. Será solo del que alumbre mi recuerdo.
Dejen tranquila ,mi alma , que cante silenciosa y fluya.
En toda mi vida solitaria, ella nunca me abandono.
Los otros: quizás me lloren, quizás no?
Quizás me entere…quizás no?
Quien puede o no?, saberlo

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