El jardín de mis sueños estaba rodeado de pétalos rojos.
Cada uno de ellos era una ilusión de vida y una ilusión a un futuro.
Cada tallo era un verde esperanza y allí se fue creciendo.
Pero con el tiempo el jardín se fue mutilando se caían las rosas.
Con ellos fui caminando y en cada fracaso se me caía un pétalo.
Dicen eso es crecer pero la pobre flor en mis caídas perdía su belleza.
Fui perdiendo en mis pisadas las huellas ellas borradas por el viento.
El viento movía el destino, yo misma como hilito de marioneta, forjaba.
Dejando que se cayeran y me iba yendo como la luz del día.
En mis ramas ya caídas por el desencanto, ni una ilusión asomaba
Veía no era mías eran de otra flor, triste por su rechazo, me quedaba.
Quise soñar, pero el destino de lo imposible, con el, se perdía.
Cada paso era caido y con ellas era desencuentro.
El desencanto y el hastió.
Se me sumaba al desierto de mi propio ser.
Me tumbaba no quería seguir, ya nada me pertenecía.
Y quede en la nada cuanto más pétalos perdía mi flor.
Más me sentía desterrada del destino perdido.
Entonces allí apareció la noche, queriendo quitar mi temor.
Donde allí mis ilusiones se esconden en ese sueño deseado.
Allí encontré un escaparate de mis sueños.
Entre cosas perdidas en el baúl antiguo de mis recuerdos
Encontré la raíz de mi rosa muerta; esa nueva seria
Le pregunte…-¿si vuelvo? a creer serás mía?,
Ella me miro…Y me dijo si… ¡si!
Entonces en mi jardín nuevo floreció allí,
Junto a una esperanza nueva surgió brillante ¡mi rosa negra!.
Y creció junto a una nueva esperanza, mi ilusionado gran jardín.

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